miércoles, 22 de agosto de 2007

CHARLES BAUDELAIRE

El crepusculo de la tarde


He aquí la noche,amiga del criminal desvelo; viene a paso de lobo como un cómplice, el cielo se cierra lentamente, cual si una alcoba fuera, y todo hombre impaciente se cambia un poco en fiera.
¡Oh noche!, amada noche, tranquila, deseada por aquellos que pueden decir: “Hoy la jornada ha sido de trabajo”. La noche es quien serena las almas devoradas por indecible pena, al sabio que se obstina inclinando su pecho, y al obrero cansado que va en busca de lecho.
Los demonios malsanos, a favor del ambiente, como hombres de negocios despiertan torpemente, y aleros y ventanas golpean al volar. A travez de las luces, que el viento hace temblar, se enciende la prostitucion en las aceras, en sucios callejones abre sus madrigueras; para todos ofrece un oculto camino --incluso para quien nos acecha ladino-- y se agita en el lodo de la ciudad podrida como un verme que al hombre robara su comida. Aquí y alla se oyen las cocinas silbar, los teatros gañir, las orquestas roncar; las verdes mesas donde el juego hace primores, con corte de rameras, chulos y estafadores; y de pronto van tambien a empezar los ladrones su trabajo que no conoce vacaciones, forzando dulcemente las cajas escondidas para vivir un tiempo y vestir sus queridas.
Recogete, alma mia, en tan grave momento y cierra tus oidos a este desbordamiento. Es la hora en que todos los enfermos se agravan.
La noche les aprieta la garganta: asi acaban de una vez sus fatigas y hacia el abismo van; el hospital solloza….Ya nunca volveran algunos a buscar la sopa perfumada junto al fuego, de noche cerca, de un alma amada.
¡Aunque la mayor parte jamas a conocido el calor de un hogar y jamas han vivido!

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