jueves, 24 de julio de 2008

SonicoS





Mitología sonora

En manos de Lee Ranaldo, las guitarras son alas que el sonido usa para volar. Cerrar los ojos, abstraerse, poner la mente en blanco sin dejar de pensar, transformar impulsos cerebrales en energía sonora. "La lógica", explica Ranaldo, "está conectada con los canales de la intuición y la liberación espiritual. Así que puedes estar perfectamente concentrado en lo que haces y al mismo tiempo entrar en el estado de abandono más completo".
El sonido, cuando vuela, se eleva y desciende al mismo tiempo; vive el instante de expectación: "Crear música te ubica en el ahora, sin pensar en el pasado ni soñar en el futuro".
Para Ranaldo, el sonido no tiene forma; es movimiento en formación: "Nosotros nos conectamos con la matriz del sonido como parte de un ritual. Ahí está cada vez que la buscamos, pero nunca es la misma, como el agua en el río. La intención es provocar una experiencia mágica, un encuentro trascendental entre músicos y público".
El sonido, cuando vuela, se expresa con total desinhibición y evoca al fantasma de la insanidad: "Nosotros reconocemos las cualidades mágicas de la música. Somos gente normal en nuestras vidas diarias, pero cuando escribimos música y tocamos en vivo, entonces sí podemos ser bastante insanos".
El sonido, cuando vuela, se transforma en ruido. El ruido es la voz que el oído no sabe escuchar. "Buscamos mantener viva la parte ruidosa e insana del rock, ese espíritu que motivó a Iggy Pop & The Stooges, a Velvet Underground, a Nirvana".
El ruido, como el rock, libera conciencias: "El rock siempre ha sido salvaje, sexual, liberador en muchos sentidos. Eso es lo que nos sucede en el escenario: nos liberamos y el público se libera con nosotros.