jueves, 26 de junio de 2008

Lullaby


Con patas acarameladas llega el hombre araña,
lentamente, bajo la sombra del sol nocturno,
rondando las ventanas de los felices muertos,
buscando a la víctima temblorosa en la cama,
descubriendo el miedo en la cargada penumbra,
y de pronto un movimiento en el rincón de la habitación,
y no puedo hacer nada cuando comprendo con horror
que esta noche voy a ser la cena del hombre araña.

Silenciosamente ríe y mueve la cabeza,
arrastrándose más y más cerca hasta los pies de la cama,
y más suave que la sombra y más rápido que las moscas…
Sus patas me rodean y su lengua en mis ojos…
“Calma, tranquilo, calla, mi muchachito,
no te resistas o aún te desearé más.
Es demasiado tarde para escapar o encender la luz.
Esta noche vas a ser la cena del hombre araña."

Y me siento devorado
por mil millones de agujeros trémulos y peludos,
y sé que por la mañana me despertaré con un frío estremecedor.
Y el hombre araña siempre tiene hambre…




Robert Smith




lunes, 16 de junio de 2008

Union de pensamientos vagos II

Paginas vacías, libros vacíos, ojos que se lamían, pieles que se estremecían.
Historias vagas de personajes olvidados, gente que fue y no dejaron de ser, que prefirió huir y no dejar de fluir, cielos magnéticos que electrizaron su conciencia y su emoción, rastro tardío de su antigua razón, palabras olvidadas por el encanto traidor y camas heladas por su roto corazón.

Lamentos





Instrucciones para romper cristal.
























Adrián
se acerco al espejo con las partituras en sus bolsillos,
las había comprado al mercenario del silencio,
le habían costado cuatro alaridos y dos gemidos interrumpidos.
De vuelta a casa atrapaba sonidos en las partituras para escribir aquella melodía,
atrapo el chirrido del metro,
el trafico de gran vía,
las ofertas de las putas,
el silencio de la esquina.
Todo estaba a punto pero faltaba una mas,
eran las notas de su propia melodía,
y al acercarse al espejo para culminar su travesía,
vio estupefacto que boca ya no tenia.




Moraleja: No te fíes de un mercenario con cuatro pares de encías.