sábado, 24 de julio de 2010

True Blood desde dentro






Este brillante articulo ha sido impunemente robado de:

 http://palomitasenlosojos.com/2010/07/24/follavampiros-2-el-otro-post-sobre-true-blood/#comment-1482







Al intentar explicar de la manera más sencilla posible en que consistía True Blood pensé que debía encontrar cual era el nexo de unión entre la caterva de personajes que la pueblan y que son del más diferente pelaje… y en este caso la palabra “pelaje” es literal. ¿Qué unía a paletos americanos, vampiros, hombres lobo, ménades y demás?. Que todos eran personajes que cambiaban de forma, o en sentido más amplio de condición: eran seres que se transformaban en una forma distinta a la que poseían, que cambiaban de estado, los muertos se transformaban en no-muertos, las vírgenes en putas follavampiros, los chulazos en lobos (porque menudo chulazo es Alcide)… ¡¡¡Incluso hay varios y literales “cambia formas”!!!.Y, ¿cuál era el nexo común en toda esta serie de transformaciones?. El sexo. Para mí True Blood es una serie que va sobre el sexo, y sobre el sexo como un poder casi sobrenatural que nos transforma en lo que no somos, no deseamos ser, o por lo contrario, en todo lo que un día soñamos.




Prácticamente toda la dialéctica que se establece entre los personajes es sexual, y en la serie el sexo no es gratuito, aunque lo parece por su súper abundancia, porque es su tema principal. De hecho, si debiera resumir en una frase la trayectoria de su realizador Alan Ball diría a que Six Feet Under / A dos metros bajo tierra” trata sobre la muerte, y True Blood trata sobre el sexo. Creo además que esa descripción sin prejuicios (el sexo puede ser bonito como una portada de novela romántica o guarro como el suelo de un cuarto oscuro) es lo que convierte la serie no sólo en un placer culpable sino también en una de las visiones más progresistas que he podido ver en la tele sobre mi deporte de interior favorito.



















Analicemos por temporadas. Resulta evidente que gran parte de la primera temporada de True Blood se levantó sobre la identificación de los vampiros con las minorías y más especialmente con las minorías sexuales, más concretamente con los gays. Las similitudes eran tantas, y las más de las veces tan bien traídas, que resulta inútiles enumerarlas todas. Mis favoritas, sin embargo, son el uso de expresiones como “salir del ataúd”, traducción vampírica de “salir del armario”. El mensaje que se puede leer en los famosos títulos de crédito “God hates fangs”, es decir, “Dios odia a los colmillos” y que es una traducción del famoso “God hates fags”, es decir, “Dios odia a los maricones”. Leyenda que suelen lucir los locos locos seguidores de la secta cristiana fundamentalista Westboro Baptist Church que anuncian la condenación de América por su permisividad hacia la homosexualidad (serán retratados de manera más fiel en la segunda temporada de True Blood a través de la iglesia anti-vampiros Fellowship of the sun, – página web http://fellowshipofthesun.org/- una de las críticas al fundamentalismo religioso más divertidas en la tele de los últimos años).





Por no hablar de Fangtasia el primer bar vampírico de Lousiana y que es un trasunto de un local de ambiente. Sin embargo, el retrato de esa minoría vampírica no es el típico canto al victimismo, y Charlaine Harris dijo en una entrevista a El País “Ser miembro de una minoría no te convierte en ángel”. Los vampiros, aunque estén en el centro del relato y tengan las simpatías de los protagonistas, a veces trafican con drogas, matan, son violentos, tienen un código de honor propio e inhumano… es decir, son una comunidad compleja y la complejidad es la mejor forma de luchar contra las ideas fáciles y preconcebidas.







Sin embargo, esa relación entre vampirismo y homosexualidad es un signo de los tiempos tal y como lo escribe Stephen Marche es este divertidísimo artículo de “Esquire:“Olvidate de todo lo que has leído sobre vampiros. La actual tendencia de chupasangres (…) no va sobre outsiders o inmigrantes o religión o incluso SIDA, como críticos y bloggers han discutido hasta la nausea en los pasados meses. Existe una mejor, más simple y obvia explicación: los vampiros han inundado la cultura pop porque las mujeres jóvenes heterosexuales quieren tener sexo con hombres gays. No todas las mujeres jóvenes heterosexuales, por supuesto, pero muchas, sino casi todas de ellas (…) Las ansias por la ficción vampírica (…) es sintomática de algo mucho mayor: la callada pero profunda revolución sexual y la nueva aceptación del frikismo en la vida cotidiana y mayoritaria de América (…).





Edward el héroe romántico de Twilight, es un chico dulce, jodido por el instituto, y al principio de su relación con Bella, ella se siente atraída por él debido a que es extraño, guapo, y aparentemente se resiste a ella (se ve repelido por ella). Eso es exactamente lo que pasaba varias veces en mi instituto entre chicas hetero y chicos gays que no aún no sabían que eran gays o que estaban en el armario. La fantasía sobre la que se levanta Twilight es sobre la idea de que un estupendo chico gay puede ser tu novio, y para las chicas adolescentes que se sienten ligeramente incómodas y que son las que consumen esos libros y películas, eso es el argumento definitivo. La ficción vampírica es para las mujeres jóvenes el equivalente del porno lésbico para los hombres: ambos crean una atmosfera de abandono sexual que no es amenazante. Eso es lo que todo el mundo quiere, ¿no?. Sexo que sea peligroso y seguro al mismo tiempo, arriesgado pero confortable, empalagoso y violento pero también tradicional y amoroso. En la cama queremos tener un pie en el siglo veinte y el otro en el diecinueve”.






Este artículo vuelve a dar en el clavo cuando habla de True Blood, exactamente cuando dice: “True Blood también refleja el romance entre una mujer joven y un vampiro, pero a diferencia de Twilight que es todo subtexto y amor-que-no-se-atreve-a-decir-su-nombre, la serie de culto de la HBO conecta el vampirismo y la homosexualidad explícitamente (…)True Blood contrasta el deseo de los vampiros por la normalidad junto a humanos que son drogadictos extremos, cambia formas y ménades orgiásticas, y es la perfecta representación del dormitorio / de la cama americana en este momento: todo el mundo es un freak, incluso la gente que clama contra los freaks.






La primera cuestión que uno le viene a la mente cuando oye a algún orador defendiendo los valores de la familia es: “¿Me pregunto si suele hacer orgias con chaperos puesto de cristal hasta las cejas?” (hace referencia a este predicador). Y un segmento de la derecha religiosa que no es hipócrita se ha unido a la fiesta: como este predicador evangélico cuya misión en la vida es hacer a los cristianos mas frikis diciéndoles que prueben el sexo anal. Para los americanos ya no existe algo como un acto sexual vergonzante entre adultos que consienten hacerlo. ¿Tener sexo soso?. Ahora eso es lo que produce vergüenza. Nadie lo admitiría. Esa es la razón por la que los vampiros han aparecido para ayudar a América en su recién descubierta aceptación de lo que un día era extraño o anormal. ¿Adam y Steve que viven al girar la esquina con su adorable hijo y que tienen una panadería?, ¿El hombre transgénero que ha dado a luz a un niño sano?, ¿La adolescente que sueña que todos los chicos fueran vampiros?. Todo forma parte de la lúbrica y terrorífica magia de la revolución sexual actual”.








Esta última frase nos lleva de cabeza a la segunda temporada con una ménade controlando el pueblo y que tantas quejas ha levantado entre las lectoras y que en cierto modo apoya mi teoría. El personaje de la ménade y el embrujo que hace que todo el pueblo enloquezca en una orgía sexual continua, no era una excusa para meter sexo en la serie, sino que ERA el tema principal de la serie o cuanto menos de la temporada. Si la primera temporada iba de vampirismo-homosexualidad, la segunda iba de hechizo-intercambio de parejas.





Pensando sobre ello, y siguiendo la idea de la magia de la revolución sexual, me di cuenta que esas imágenes de orgias nos hablaban (casi) de lo mismo de lo que lo hacían las famosas fotos de Naomi Harris sobre el movimiento swinger, de intercambio de parejas americano. Un movimiento que se encuentra, además, en la América más provinciana, la que apoya a Sarah Palin, y que es conservadora en todo excepto en temas sexuales: sitios como Minessota, el llamado cinturón evangélico, lugares muy religiosos y donde los inviernos son muy muy muy fríos y largos. Resulta fácil imaginar el motivo por el que Allan Ball alargó un tema como el de la Ménade para retratar como el típico pueblo americano y sus habitantes, la buena gente de Bon Temps hacía intercambios sexuales, sexo en grupo… y como Maryann era capaz con sus hechizos de sacar la increíble energía sexual de sus habitantes. Quien quiera saber más sobre la obra de Naomi Harris aquí el reportaje que le dedicó El País.







Finalmente debería tratar sobre la tercera temporada, pero al estar aún en marcha, y que también el post se ha hecho largo, pues me la ventilo en una frase: la tercera temporada de True Blood no diría categóricamente que trata (aún no ha acabado y yo no me mojo), pero sí que está adoptando principalmente la estética del sadomasoquismo. No sólo las escenas de sexo están aumentando en crudeza (y levantando críticas), sino que están indudablemente conectadas al dolor como una forma de placer. En los 3 episodios vistos hemos visto gente encadenada follando, torsiones de cuello… en fin, que continúa la lógica del vampiro, el orgasmo como petite mort, y al mismo tiempo sigue la lógica impuesta por la serie de retratar deseos sexuales menos convencionales como el del sadomasoquismo. Pero ya ahondaremos sobre eso una vez que se haya acabado la temporada….





2 comentarios:

Palomitas en los ojos dijo...

Mañana te contesto con tranquilidad... pero no me has podido hacer mejor halago...

Joe dijo...

Wow, enhorabuena al otro bloguero, es un artículo muy interesante... Nunca había visto una exposición tan clara de la temática de la serie hace tiempo. Está claro que el sexo era un elemento clave, sobretodo en la segunda temporada. El hecho de incorporar un personaje de la mitología clásica (lo cual nos remite a las bacanales, orgías, borracheras conjuntas, etc.) + muestra del sexo (made in HBO)resulta en una combinación explosiva (para bien, obviamente). De todos modos, cuando la tercera temporada finalice,habiendola digerido, colgaré en mi blog una entrada sobre la serie basada en un trabajo que escribí hace unos cuantos meses para una asignatura de la uni dedicada exclusivamente a HBO. Un saludo!