martes, 26 de octubre de 2010

PARAÍSO ILEGÍTIMO - BUKOWSKI



Los malos días y las malas noches son ahora demasiado
frecuentes,
el viejo sueño de pasar unos cuantos años tranquilos
antes de morir;
ese sueño se desvaneció igual que los
demás.

Una pena, una pena, una pena.

Desde el principio, durante los
años intermedios hasta el
final:
una pena, una pena, una pena.

Hubo momentos,
destellos de esperanza
pero no tardaron en disiparse
en la misma vieja
fórmula:
el hedor de la realidad.
Incluso cuando hubo
suerte
y la vida bailaba en
carne y hueso,
éramos conscientes de que la estancia
sería
breve.

Una pena, una pena, una pena.
Queríamos más de
lo que nunca habría:
mujeres hechas de amor y
risa,
noches lo bastante salvajes para el
tigre,
queríamos días que
pasaran por la
vida
con cierto garbo,un poco de
sentido,un uso verosímil,no sólo
algo que
desperdiciar,sino algo que
recordar,algo
con lo que
atizar a la muerte
en el vientre.
Una pena, una pena, una pena.
En la suma de
todo, naturalmente, nuestra insignificante agonía es
estúpida
y vana
pero creo que nuestros
sueños no lo
fueron.
Y no estamos solos.
Los factores implacables no
son una venganza
personal contra un
ser
concreto.
Otros acusan el mismo
trastorno
punzante,enloquecen, se suicidan, se
apalancan, acuden conmocionados a
dioses
imaginarios,
o se emborrachan, se drogan
se vuelven lelos
de manera natural,
desaparecen en la masa de
vacuidad
que denominamos familias,
ciudades,
países.
Pero no toda la culpa la tiene
el destino.
Hemos desperdiciado
nuestras oportunidades,
hemos estrangulado
nuestros propios corazones.
Una pena, una pena, una pena.
Ahora somos los ciudadanos de la
nada.
El propio
sol
conoce
la triste verdad acerca de
cómo sacrificamos
nuestras vidasy muertes
al simple
ritual,
a un ritual
inútil ycobarde,
y luego
mientras nos descolgábamos
de la faz de la
gloria,
tornando estiércol
nuestros sueños,
cómo dijimos
no, no, no, no,
al más hermoso

jamás pronunciado:
la propia
vida.


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