jueves, 17 de noviembre de 2011

EL NIÑO DE LA BICICLETA


No sé a ciencia cierta el don que tienen los hermanos Dardenne para que en cada peli suya termines atrapado sin poder pestañear. Sus obras sólo respiran autenticidad. Es como si le pasaran a personas que conoces de toda la vida, o simplemente es que son historias tan humanas que te haces partícipe de ellas sin ningún esfuerzo. Ese es uno de los puntos fuertes de los Dardenne. En cada plano sientes que estás con ellos, como si estuvieras sentado a su lado; comprendes las situaciones por las que pasan sus personajes, e incluso revives anécdotas personales que, como en la vida real, nunca fueron acompañadas de una banda sonora ideal. Auténtico cine que no intenta ponerte una navaja en el cuello para que afloren emociones.

2 comentarios:

Salva Meseguer dijo...

Una verdadera joya. Te lo dije.
Saludos, Jona

yosónico dijo...

Sí, Salvi. No esperaba menos.