martes, 31 de enero de 2012

SECRET SUNSHINE


Shin-Ae se traslada, junto a su hijo pequeño, al pueblo de su difunto marido, en busca de esperanza y de un nuevo comienzo. La desgracia termina de cebarse con ella, y buscando una falsa paz interior, decide hacerse creyente, esperando que dios le tienda la mano y le de consuelo. Siguiendo la ley de la iglesia, intenta perdonar a aquellos que le han hecho daño, pero esto no será suficiente para calmar todo su dolor, y hasta que no toca fondo, parece no encontrar el bálsamo que necesita. En un principio parece que en la simpleza de Secret Sunshine se encuentra todo su poder. Como de costumbre, Lee Chang Dong se basa en los pequeños detalles, sin caer en dramatismos excesivos, para construir historias que llegan y que te tocan la fibra por medio de miradas, gestos y silencios. Pero, al igual que en Poetry, la excesiva contención juega en contra, porque mantiene a sus personajes en una especie de limbo narrativo que se extiende (2h y pico) y no explota. Sin mencionar a los personajes secundarios, que no aportan absolutamente NADA a la historia.


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