domingo, 8 de abril de 2012

EL BONAERENSE Y TRAPERO




Artículos robados de aquí y aquí.


Javier Lozano tenía 34 años. En casa le esperaba una mujer embarazada, un niño de 3 años y los apuntes de sus exámenes finales de arquitectura. Trabajaba como guardaespaldas del Jefe del Gabinete argentino, Aníbal Fernández. Un trabajo complejo y peligroso, pero que esa noche le habría salvado la vida. De haber estado de servicio no se habría acercado a la pizzería "El buen sabor", en La Matanza, uno de los barrios más peligrosos de la provincia de Buenos Aires. Su inoportuna voluntad de servir al prójimo hizo que se interpusiera en un asalto a la pizzería. Los atracadores, superiores en número y en hambre, no se contentaron con reducirle. Buscando dar un escarmiento, se ensañaron con Javier. Dos tiros a quemarropa en la cara y tres en el pecho. Preguntado directamente por este hecho, un símbolo más del grave problema de seguridad que azota a Argentina, Aníbal Fernández tuvo la poca vergüenza de contestar lo siguiente: "Yo no noto que tengamos un conflicto mayor al que teníamos hace 15 años atrás. La realidad de Argentina (en materia de seguridad personal) es una realidad sumamente beneficiada en comparación con el resto del continente". 


  Descifrar las causas da tanta violencia no debe ser sencillo. Acabar con ella tampoco. Pero intentar poner remedios quizás debería ayudar en algo. Las fuerzas de seguridad de cada estado tienen la compleja misión de velar por la seguridad de sus ciudadanos, enfrentándose a veces a escenarios poco propicios para sus intenciones. En Argentina saben mucho de esto. La capital, dado su carácter de ciudad autónoma, está bajo la jurisdicción de la Policía Federal Argentina y de la propia Policía Metropolitana de la Ciudad de Buenos Aires. Pero si hablamos de la provincia de Buenos Aires (con unos 15 millones de habitantes), entra en juego la Policía de la Provincia de Buenos Aires, o como se la conoce coloquialmente, "La Bonaerense", uno de los cuerpos más numerosos del país, pero también uno de los más cuestionados. Mientras en los países desarrollados se estima como apropiada una media de un policía por cada 200 habitantes, en la citada provincia hay uno por cada 1.300 habitantes. En cualquier caso, su presencia policial no se traduce en una buena sintonía entre policías y ciudadanos. Más bien, todo lo contrario: En promedio, el 25% de sus efectivos está bajo investigación por casos de corrupción, abusos de autoridad, extorsión, amenazas, agresiones, etc.


 Esa, La Bonaerense, es la institución en la que pretende entrar Enrique Orlando Mendoza, un humilde cerrajero que trabaja en un pueblo de la provincia de Buenos Aires. Cuando un trabajo aparentemente rutinario se convierte en un intento de robo, Enrique da con sus huesos en comisaría, de donde es rescatado a tiempo por su tío, un policía retirado. A cambio de salir de la trena, recibe de este una carta de recomendación que le permite aspirar a una nueva vida como agente de La Bonaerense. ¿Habrá sido peor el remedio que la enfermedad? 


 A los veinte años, mientras estudiaba para arquitecto, Pablo Trapero (1971) decidió matricular en la especialidad de dirección en la Universidad de Cine, en Buenos Aires, y realizó trabajos como asistente de dirección y editor, dos temas sobre los cuales también dio clases y conferencias. Trabajó en dirección y edición de dos cortometrajes en 16 mm, Mocoso malcriado (1992) y Negocios (1995), que lo asentaron como una promesa en la comunidad del cine independiente local. Pertenecía al grupo de jóvenes que renovarían en los años noventa el panorama de la industria cinematográfica Argentina. En 1996 funda, junto a otros jóvenes directores, Cinematográfica Sargentina.


 Si bien Pizza, birra, faso avisó de la emergencia de un nuevo-nuevo cine argentino, Mundo grúa, la ópera prima de Trapero (1999) fue la primera obra de gran relevancia generada por estos jóvenes emergentes. Drama melancólico sobre la sombría contemporaneidad, ganadora de los premios al mejor director y actor en el Festival de Cine Independiente de Buenos Aires, del Premio de la Crítica en Venecia, mejor película en Rótterdam y Premio Especial del Jurado, en La Habana, Mundo grúa fue producida por la ya mencionada Cinematográfica Sargentina, y generó toda una polémica nacional sobre la posibilidad de hacer cine con poquísimos recursos, y acerca de la amplitud de espectro temático y estilístico que abrían los nuevos directores. 


  El bonaerense (2002) fue la confirmación de que Mundo grúa no había sido una feliz casualidad. Un policía rural es obligado por las circunstancias a enfrentar el favoritismo, la corrupción y la injusticia del sistema policial capitalino. Como en su anterior filme, el protagonista es un solitario, perdido en un contexto que ya no le resulta familiar; “el filme no juzga a este hombre por sus acciones —ha declarado Trapero— sino que simplemente cuenta una historia, muestra las circunstancias que lo empujan al borde... es una suerte de retrato de un hombre y de su conciencia”.


 Más coral y abarcadora que los dos dramas melancólicos e intimistas que la precedieron, Familia rodante (2004) cuenta el viaje de una familia, en tránsito hasta el litoral argentino, donde un casamiento y el aniversario de la abuela abren perspectivas diversas para cada uno de los numerosos personajes. Coproducción entre Argentina, España, Francia, Alemania y Brasil, Familia rodante presenta guión y producción del director. 


 Respecto a la estética que maneja regularmente en sus películas, ha dicho Pablo Trapero: “Nunca se tendrá bien claro dónde empieza la ficción y dónde termina la realidad, digamos. Esto es algo que pasa mucho en los países latinoamericanos, donde se ven muchas situaciones más absurdas que las que uno puede concebir en la ficción desde lo político, desde lo cotidiano, en cualquier lugar. Uno se enfrenta a cosas en la vida real que superen cualquier idea de la ficción. Esa ambigüedad de la ficción es la que realmente me interesa. Entonces, el documental como herramienta de copia de la realidad no me interesa, ni tampoco me interesa hacer películas que copien la realidad porque el cine es ficción.”


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